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China
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Escrito por Daniel Pinilla
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Tianjin es más habitable y manejable que Pekín. Tampoco se ven las estrellas por la nube tóxica que envuelve a la ciudad (16 de las 20 urbes más contaminadas del mundo están en China, obsérvese), pero al menos no se pega uno media jornada enclaustrado en transportes urbanos. Por cierto, que eso de pagar el metro, al menos en Pekín, se acabó a los pocos días de caer por esas latitudes. Reconozco que hice el primo al principio, pero después me enteré de que con acreditaciones o entradas del día la cosa salía de pescuezo (estuve por China durante los Juegos Olímpicos de 2008).
Como todas las entradas son muy parecidas entre sí y yo me hice con una ya gastada, si la enseñas en plan Juan Tamariz y con cara de gastar mucha prisa, la cosa cuela. Biennnn, entré en las estaciones al grito de 'pago ná'. Al margen de este apunte, vale reseñar que Tianjin aporta un casco antiguo demasiado reconstruído, un templo de Confucio que está cerrado, un mercado de antigüedades chusquero... casi mejor ni sigo. Pero, punto a favor, tiene una ribera decente y paseable junto a río Hai. Son diez millones de habitantes y todos muy amables.
Al parecer, lo que manda aquí es el taichi (sin acento es como lo acepta la RAE). Algunas de las mejores escuelas del país se concentran en las inmediaciones. Grande el taichi. Se trata de ahuyentar al rival sin recurrir a la fuerza y con el mínimo esfuerzo. Se basa en un principio taoísta: la suavidad vence a la dureza. Lástima que no sea olímpico. Y también lástima que no lo practiquen los que han formado algunos líos (ha habido incluso muertos) en algunos accidente-atentados-disturbios (...) en China en más ocasiones que las deseadas.
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