|
Lío. El tifón Neri me la jugó en gordo y de nada me sirvió el madrugón para huir en desbandada de Hong Kong. Nada más despertarme abrí la ventana y sí, los meteorólogos también aciertan: el cielo estaba horrible y el vendaval arreciaba. Cogí del tirón mis cuatro cosas y me pillé un taxi en las calles que parecían de una cudad fantasma, casi desiertas. "Tenemos tifón, eso significa tarifa especial", fue lo primero que me dijo el pirata del taxista. El precio normal multiplicado casi por cuatro. Se ve que las desgracias convierten a la gente en aves de rapiña. Del coraje que me dio me salí del vehículo con la puntería de dejarme olvidada la guía en el asiento. Dita sea. Quizás me había equivocado: no había ni un alma en la calle, las tiendas estaban con las cancelas echadas (hasta las saunas 24 horas se veían chapadas)... tragedia máxima.
Apareció al fin otro taxi y cerré la carrera al doble de lo normal. Algo es algo. De ahí al autobús dirección al aeropuerto de la vecina Shenzhen, previo paso por la frontera. Neri seguía pisándonos los talones, pero logré llegar a la terminal Huangtian con tres horas de adelanto respecto a mi vuelo. Más vale prevenir, que decía el doctor Sánchez Ocaña...
Confome corre el reloj se cancelan más y más vuelos. No doy un duro por el mío, previsto a las 14:15. Efectivamente anuncian que se suspende. Si en China hay más de mil millones de personas, allí estaba al menos la mitad peleando por cambiar los billetes, recuperar el equipaje facturado, preguntar horarios... no se lo deseo ni a mi peor enemigo. Tras un par de horas de batalla en toda regla, creo que logré cambiar mi pasaje a uno a primera hora del sábado. No hay seguridad de que el temporal vaya a remitir, pero qué iba a hacer.
La compañía aérea, Shenzhen Airlines, comunica que no tiene culpa del mal tiempo y que no me proporciona hotel. Estupendo. Para remate, el mapa que consigo de la ciudad está en perfecto cantonés (el idioma de la región) y no tengo mi guía. Ligo a una china que habla alemán y consigo transporte más o menos privado (no pregunten pero salió gratis) para la ciudad: me encajo en el primer hotel que veo. El viento está en 100 kilómetros hora y no es plan de dar paseítos ni de ponerse exigente.
 |