| Lo fácil que resulta perderse en China |
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| China |
| Escrito por Anelise Infante |
Que China es inmensa y además está híper poblada lo sabe todo el mundo, pero verla desde allí es otra cosa. Cambia la perspectiva. La primera impresión de Pekín (Beijing para los chinos) ya asusta en la llegada al aeropuerto, el más grande del mundo. Tan grande que desembarcas en una terminal y tienes que coger un metro (interno y gratuito) para recoger las maletas en otra. Moverte por la ciudad es una aventura. Nadie sabe inglés y si no hablas mandarín, la opción es llevar apuntado en chino los nombres, direcciones y números de teléfono de todos los sitios. Los taxistas, por ejemplo, llevan móvil. Le enseñas por escrito hacia dónde quieres ir (ten en cuenta que si cogen por otro camino, no lo sabrás, ni te entenderá) y si al llegar ves que no es dónde querías ir, le das el número de teléfono (de tu hotel, por ejemplo) para que él llame y le expliquen en chino cómo llegar. Además los taxis son baratísimos. Un trayecto de 15 minutos aproximadamente sale a menos de tres euros. La barrera de la incomunicación es un gran problema. Los gestos occidentales no se entienden allí. Eso de llevar las manos a la boca para decir que tienes hambre en China no cuela. Por ello la solución (si no te da por aprender chino) es ir señalando con el dedo lo que quieres y tener todo (100%) apuntado en la lengua de ellos. En las recepciones de los hoteles ya están acostumbrados y lo hacen con mucha simpatía. Cuando superas esta barrera, lo demás es genial.
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Que China es inmensa y además está híper poblada lo sabe todo el mundo, pero verla desde allí es otra cosa. Cambia la perspectiva. La primera impresión de Pekín (Beijing para los chinos) ya asusta en la llegada al 
