Algunos cuentos chinos en China PDF Imprimir E-mail
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China
Escrito por Ami Navarro   

Lijiang, la antigua capital de YunnanEscribo desde este país tan lejano y diferente al mío. Hay tanto que contar que no sé por dónde empezar... De un lado está la comida, esas cosas que piensas cuando entras en el típico restaurante chino. Pues no tiene mucho que ver con la realidad autóctona. Lo de aquí es otra cosa. Hay que echarle coraje y probarlo. Eso sí, son un poco 'espesillos', por no ser muy dura con los términos. Los que tengan remilgos con la limpieza, mejor que no se den una vuelta por la cocina...


 
Apenas nos aventuramos a probar ningun alimento nuevo. Dieta a base de arroz o nudels con verduras y carne de lo que sea. No quiero ni saberlo. Bueno, si perdemos algunos quilillos tampoco vienen mal. Eso sí, aquí no hay ni un gordo, y eso que se pasan el día dale que te pego a los palillos y con la boca muy cerca del cuenco al estilo "Sinchan". Con un poco de interés nos hemos convertido en unos profesionales del palillo y rechazamos los cubiertos cual buenos invitados en estas tierras.


El idioma no nos deja comunicarnos como deseáramos y los símbolos tampoco son los mismos por lo que el problema se acrecenta. Pero está divertido. Por ejemplo, el diez es una cruz con las dos manos. Cuando te quieres hacer entender al final lo consigues pero a veces te entra una mala leche cuando ves que no avanzas... Todo va muy lento para culquier gestión que hagas.

Nuestro viaje comenzó en Beijing, una ciudad que nos impresionó bastante, pero nada que ver con lo que vendría después. Mis compis de excursión, que son muy hippies ellos, querían ir donde no hubiera multitudes, allí a la montana misma a meditar... y allí que nos fuimos: avion al sur total del país.

Yanshuo me fascinó. Para mí es el mejor paisaje. Las montañas se dibujaban totalmente redondas, haciendo unas formas que jamás había visto. Abajo, los arrozales parecían un cuadro de Van Gogh. De ahí nos tiramos a Yunnan. Hemos ido haciendo una ruta hacia el norte dentro de ella para impregnarnos con el budismo de la zona. Merece la pena caminar unas cinco horas (entre la subida y la bajada) para ver un glaciar. A nuestro paso encontramos templos con grandes budas y millones de banderas de colores entre los árboles y el resto de vegetación. Esto sí es la China que yo quería encontrar. Sólo añoro un poco de papel higiénico, que vale como el oro aquí...

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