| La relajación de un baño en la catarata con mayúsculas |
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| Venezuela |
| Escrito por David Navarro |
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Tras poco menos de una hora llegamos al mirador del Salto Ángel. Desde allí se puede apreciar todo el esplendor de la cascada más grande del mundo. Siguiendo por un accidentado camino se llega al pozo del Salto Ángel. La caída es de 983 metros, luego se forma otra cascada de unos 200 metros hasta el pozo. En el manantial se encuentran otros grupos de turistas bañandose. Por lo que no quedaba más remedio que mojarse, el agua estaba fría, pero no había que desperdiciar este momento único. Lo mejor es situarte justo debajo de la cascada, con la fuerza que llega se siente como si fuera un masaje. Que gustazo el sentir como toda esa agua cae sobre tu cuerpo. Lo más importante, el recuperar fuerzas de un día cansadísimo. La noche cae, así que apresuradamente volvemos. En el camino, nuestro guía, Ladimir, nos mostró una hormiga 24 horas, la más grande del mundo. En el río cae la noche y Ladimir nos ofreció beber agua del río Churún. Sin miedo, la bebí, era fresca y pura. La ‘curiara’ nos recogió para dejarnos en Isla Ratón, nuestro campamento.
Para cenar nos espera el pollo “embarazado”, que parece por su nombre que es un pollo relleno, pero no. Realmente es “en vara asado”, toda una confusión fonética. La verdad es que está exquisito. En la postcena tuvimos una tertulia con unos caciques a palo seco, porque no había coca cola. Eso sí, el grupo de quince holandeses se metieron entre pecho y espalda siete botellas, ¡pero con coca cola! Así estuvieron de juerga hasta las cuatro de la noche. Para dormir había unas hamacas puesta en hilera, una tras otra. Todo un dilema a la hora de acostarse, ya que hay que sincronizarse intercalando cabezas en una y otra dirección, para no chocar los pies. La noche fue terrible, olvidé una muda para el bañador y como estaba mojado del baño nocturno, no se secó. El frío era terrible, y la manta no quitaba mucho. Los ronquidos por los laterales daban la puntilla. Pero tampoco es para ponerle pega a un día tan bonito. El despertar viendo el Salto Ángel metido en el Cañón del Diablo no tiene precio. El regreso es divertido entre los piques entre las distintas ‘curiaras’. Mantuvimos la primera posición hasta salir del río Churún, ya que nuestro piloto no puede hacer nada en aguas abiertas, donde el motor manda.
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Comentarios (3)
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Divertido
David, la visita a las cataratas del Salto del Angel, me parece muy divertida y completa, puedes verla por cielo como antes ya contaste, ir navegando por el rìo, despuès escalar esa montaña.Que sensaciòn ùnica de bañarse con la fuerza de esa agua que cae de la montaña, pues asì uno queda como relajadito para proseguir. |




Tras recorrer por río un largo trayecto dentro de
Allí Ladimir nos deja una pastilla de jabón y nos pegamos un baño en el río bajo la luz de la luna llena. El agua estaba algo fría, pero el olor a ‘tigre’ que llevaba había que quitarlo. Por suerte en este río no hay pirañas, y los caimanes que habitan son de un tamaño pequeño. No había nada que temer.
Hemos dejado grandes amigos y grandes recuerdos. El mundo de Canaima, tiene otros puntos por descubrir. Volveré. 
