| Volando hacia el Salto Ángel |
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| Venezuela |
| Escrito por David Navarro |
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Durante un vuelo de unos cuarenta minutos se pueden ver todos los imponentes tepuis. Los tepuis son unas formaciones rocosas con paredes verticales que forman una meseta montañosa única en el mundo. Tal es su importancia y originalidad que el parque está declarado patrimonio de la humanidad por la UNESCO. Siguiendo por aire el río Carrao y luego el Churún, siempre sobre una selva que parece infinita, bajo la atenta mirada de los tepuis llegamos al Salto Ángel. Llamado así por su descubridor, el americano Jimmy Angel, que tuvo un aterrizaje algo accidentado en la cima del Auyan Tepui en su intento de acercarse a la cascada. Al ser época seca, su caudal es pequeño, a la mitad del recorrido el agua desaparece debido a la evaporación. Pero el entorno donde se haya es único, metidos en la garganta del diablo y rodeados de tan bella naturaleza. La avioneta marca unos 1200 metros de altitud. El Salto Ángel tiene 983 metros de caída libre. Los giros del piloto hacen marearse a cualquiera, aunque fatigarse así merece la pena. El momento cumbre fue cuando el aviador nos pide una navaja. Mala señal, quería arreglar algo. Fue fácil ver nuestra cara de incertidumbre y sobre todo de inquietud. Afortunadamente no supuso nada que no nos permitiera aterrizar correctamente.
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La catarata más alta del mundo, el Salto Ángel, ofrece una de sus mejores perspectivas desde el aire. Las avionetas desde Canaima despegan constantemente llevando a turistas. Sin duda se trata de uno de los puntos fuertes de Venezuela.
Llegamos justo para la comida en el alojamiento de Kavac en Canaima. Tras llenar nuestras barrigas, fuimos a admirar el mirador de la cascada de Ucaima, un sitio muy agradable para contemplar el agua antes de caiga en la laguna. Todo es tan bonito aquí.
