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A través del lago Titicaca en su vertiente peruana, nos embarcamos con unas amigas (Jael y Nieves) a disfrutar de un fantástico día. Tras un buen tiempo en el barco, a lo lejos comenzamos a divisar dos islas. Aparentemente se veían cerca, sólo que faltaban como dos horas para llegar a una de ellas; la isla Amantani que era nuestro destino.
Ya cerca se puede apreciar alrededor de toda la isla Andenes que están allí desde las culturas Pre-Incas. En el pequeño puerto de Amantani ya nos esperaban con sus vestimentas típicas del lugar, pobladores de la isla. Su lengua actual, el quechua y el castellano; primero nos iban a ubicar en nuestro hospedaje. De dos en dos en este caso nosotras éramos tres, nos quedamos en la casa del dueño de la embarcación. Ya que con él, Nieves se pasó conversando un buen tiempo durante el tiempo de viaje y como ella sabe quechua compartían sus experiencias en quechua. Así que nos quedamos como todo aquél que llega a la isla en casa de algún poblador. Actualmente uno de sus ingresos es el turismo, fuimos recibidas en una casa típica del lugar, linda y acogedora: de adobe, paredes anchas, ventanas pequeñas, como las demás casas del pueblo. Todas las casitas están en las faldas del cerro una más alta que otra, así que para llegar a la casa-hospedaje era caminar y caminar cuesta arriba. Esta vez el camino ya no es solamente tierra, ahora los caminos y calles han sido asfaltados con piedra del lugar, se ve mucho más cuidada la ciudad y lindo. Todo muy ordenado sin perder su simpleza. Por fin cuando llegamos después de tanta caminata...y faltarnos el aire, lo primero era descansar un poco y recuperar fuerzas, para luego almorzar una comida típica de lugar. Sus pobladores también están dedicados a la agricultura y ellos básicamente se alimentan de lo que siembran: las papas, ocas, cebadas, quinua principal alimento de los Incas. Todos los productos los cosechan en el lugar, así que disfrutamos una rica sopa de quinua muy al natural. Pues lo cocinan en ollas de barro y con una cocina de leña, pues quedó muy sabrosa, por haber sido cocinada en leña el sabor es muy diferente.
Descansamos un rato más, después de almorzar y se suponía que tendríamos un guía. Nos dimos cuenta que no había, que de por cierto nos engañaron, muy tarde para reclamar pues no llegaba para iniciar la excursión de la tarde hacia la cima del lugar. Sin guía y preguntando iniciamos la subida. En el camino nos encontramos con un grupo de turistas y para no pasar de frescos, mejor le preguntamos al guía si nos permitía unirnos a su grupo. No hubo ningún problema y así comenzamos la subida junto a ellos. La subida es pesada por la falta de oxígeno, pero lo lindo del lugar me animada a continuar y llegar a nuestra meta: la Pachatata o Dios Wiracocha y la Pachamama o la madre tierra. Las dos altas montañas dentro de la isla donde hay restos arqueológicos incas. La primera está a una altura de 4,200 metros sobre el nivel del mar, estas ruinas incas, tiene forma cuadrada, fue un observatorio solar de día y además era un centro religioso. La persona que ingresaba allí, primero antes de subir se purificaba invocando al ‘Dios Sol’ que era el mismo Wiracocha y también creador de todo ser viviente. Lo malito que no ingresamos dentro del templo, de lo que queda de él, ya que está tapiada la entrada para cuidar de su preservación. Pero valió la pena subir nuevamente porque ese lugar se puede apreciar todo alrededor de una belleza natural impresionante, con una vista mágica del lago Titicaca circundante y la isla Taquile a la vista. Un silencio interminable, con el aire purísimo que sopla en tu rostro. Se sienten emociones muy intensas de tranquilidad, sosiego...Sensaciones únicas como querer que nunca termine. Pero de lo bueno poco, porque nos trae a la realidad el guía, al decirnos que era hora de regresar.
Ya en el descenso estaba oscureciendo, más Zacarìas así se llamaba el guía con dos personas más estaban acordando subir a la Pachamama, isla que está al frente de la Pachatata ...y para subir teníamos que bajar primero. Por supuesto nos apuntamos nosotras, Jael y Yo. A Nieves le faltó el aire antes de subir a la Pachatata y se quedó. En la subida nos agarró plena oscuridad, la ascensión la terminamos guiándonos con una linterna, que siempre es buena llevarla por precaución. Si no teníamos la linterna sólo veíamos nuestras sombras de cerca. Un poco peligroso y más difícil de hacer la subida. Así llegamos a la cumbre y ya nos alumbraba la suave luz de una luna menguante con la cual alcanzamos a percibir la redondez del templo sin llegar tampoco a ingresar. Pero el solo hecho de haber llegado y estar allí, ya era de sumo regocijo y satisfacción para mí. La Pachamama se encuentra al mismo nivel de altura que la Pachatata , aunque a esa hora de la noche sólo era oscuridad y ya no se veía el lago, sólo lo que estaba cerca y alrededor de nosotros. Comenzamos a bajar sólo alumbrados con la linterna hasta llegar al pueblo donde sus calles eran alumbradas con la luz eléctrica más en las casa podías ver a través de algunas ventanas que sólo eran alumbradas por la tenue luz de una vela. No fue diferente en nuestro hospedaje, así que bajo la luz de las velas cenamos y luego de esperar que se iniciara una fiesta folklórica en la plaza del lugar que nunca se dio porque la mayoría de turistas no llegaron porque ya estaban descansando. Nos retiramos también a descansar sin querer hacerlo.
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