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Tras nuestro paso por la bella León en Nicaragua, nos dirigimos a Granada, pasando de nuevo por Managua (con la consiguiente confusión de ruta), y vía Masaya (conocida por su volcán y su parque natural). Ciudad de estilo colonial (al igual que León), está a orillas del Lago Nicaragua o Cocibolca (el segundo más grande de Latinoamérica después del Lago Maracaibo y similar al Lago Titicaca). En su malecón, uno cree estar frente al mar. Granada es una ciudad bastante cuidada, con muchos edificios restaurados, que quizás le quitan el encanto del paso del tiempo que tiene León, pero que sin duda le dan un aspecto saludable a la parte histórica.
Desde Granada, se puede ir en barco a la isla de Ometepe, la isla volcánica más grande del mundo, que surge del lago con dos impresionantes volcanes (gemelos): Concepción y Maderos (se puede subir en una caminata de unas 5-6 horas de duración).
De vuelta a Granada, recomiendo el San Ángel para dormir, hostal mochilero con lo que un viajero espera y necesita. Pero antes, la ciudad te ofrece algunos bares en la calle La Calzada (boulevard hacia el Malecón) o al otro lado del parque central para darse al baile (o mirar con un roncito en la mano); para el final quedan las discotecas del Malecón, pura 'rumba' local.
Nicaragua es mucho más (recomiendan y mucho su parte caribeña), pero en cuatro días con un mínimo de planificación, se puede disfrutar de sus tres ciudades más conocidas, sus playas del pacífico, el Gran Lago, dos volcanes, comida (se sale el gallopinto: frijoles colorados con arroz), bebida (Flor de Caña), gente apacible y fiesta sin clasismos.
José Enrique Martínez
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