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Tras varias visitas laborales, por fin decidí dedicarle un tiempo suficiente, y mereció la pena. Es Nicaragua un país que se sale de las rutas turísticas centroamericanas. Suenan más Costa Rica, Panamá, Guatemala y las Islas de la Bahía hondureñas, por poner un ejemplo. Sin embargo, reúne muchas de las cosas que poseen los lugares que he nombrado: tiene costa caribeña, tiene Pacífico, posee lagos y volcanes, ciudades coloniales, música y ron (Flor de Caña es símbolo del país); y algo que muchos intentaron seguir: su Revolución.
Llegando en avión a Managua podemos observar (si nos toca ventanilla) lo horizontal que es la capital del país, compuesta por casa bajas y calles que se cruzan de forma perpendicular.
Como ya la conocía, mis amigos y yo decidimos rentar un carro para visitar el interior del país en los pocos días que teníamos para viajar. De mis anteriores visitas, recomiendo una visita al monumento a Sandino, visible desde cualquier lugar de la ciudad.
Nuestra primera parada fue en León, primera capital del país. Ciudad universitaria, y cuna de la Revolución junto a Estelí, entre otras ciudades del norte del país. En sus muros se pueden ver muchas referencias a aquellos tiempos. Llena de iglesias, se nota la presencia estudiantil. En la noche, es obligatorio pasarse por el Vía Vía, lugar para pernoctar, cenar o escuchar músico en directo, dependiendo del visitante. Lo que es seguro es que se encontrará buen ambiente, buena música y buen precio. En definitiva, León nos pareció una ciudad muy viva. A la salida de León, hay un desvío a las ruinas del Viejo León, las recomiendan pero nosotros no teníamos tiempo (queda pendiente para la próxima).
A media hora tenemos el Pacífico y sus arenas volcánicas. En un lugar llamado Las Peñitas se pueden encontrar multitud de alojamientos. Se come bien, y se comparten agradablemente algunas Victorias (una de las cervezas 'nicas' junto a la Toña) con los leoneses, viendo atardecer o frente a las habituales tormentas tropicales de madrugada que iluminan la playa con sus continuos rayos (estábamos en septiembre, plena temporada de lluvias).
José Enrique Martínez
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