| Los salmones vuelan en Pike Place |
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| Estados Unidos |
| Escrito por Daniel Pinilla |
Seattle es una ciudad para vivir. Con un entorno apropiado para quedarse con la boca abierta a cada rato, la ciudad no responde al perfil habitual de muchas de las propias de Estados Unidos, donde la impersonalidad campa a sus anchas y todo se organiza en función de centros comerciales y grandes superficies. Seatle es otra cosa: rodeada por agua y verde, da la sensación de que así sí es posible unir desarrollo y respeto a la naturaleza. En el debe, el clima. La mayoría del año el sol anda escondido y lo normal es que llueva a mansalva (por algo es la ciudad más poblada del estado de Washington, al que allí llaman 'el estado siempre verde'). Yo estuve sólo tres días, justo los primeros en los que no hubo que sacar el paraguas en un par de semanas. Fortuna.Como cuna del movimiento grunge que es, Seattle esconde una vida cultural más rica de la de gran parte del resto del país, que está demasiado homogeneizada para mi gusto. Una de las visitas obligadas a primera hora de la mañana es acercarse a ver los salmones voladores al mercado de Pike Place. Este mercado se encuentra en la bahía Elliott, en la zona del Acuario Marino. Data de 1907 y es el más antiguo de los que se conservan sin interrupciones de todo el país. Está a orillas del Pacífico, se escucha gaviotas, sirenas de barcos y hay siempre mucha gente. Lo suyo es comprarse un zumo de frutas naturales y algo de pastelería recién hecha para desayunar. La oferta es variada y los precios no son abusivos. Bien pertrechados hay que pillar sitio para ver el espectáculo. Hay más de medio millar de puestos que venden de todo, pero hay que buscar el del 'flying salmon'. Al grito de ¡pescado va! los operarios se pasan los enormes atunes en plan balón de rugby para colocarlo en los expositores. Parece una coreografía, no se cae ni uno. Y eso que la gente se agolpa a muerte para echar miles de fotos. Son unos diez minutos y la cosa se ameniza con los comentarios de los vendedores. "Vale, ya sé que lo están pasando bien, pero ¿alguien va a comprar algo?", "por fin uno que compra y no sólo mira"... Cosas así. Muchos de los operarios juegan al fútbol americano y hacen un buen cachondeo como si se tratase de anotar un ensayo con los atunes. Cuando acaba el lío, lo mejor es ir a tomar un café al Starbucks que hay enfrente del mercado, que es el primero que se abrió en todo el mundo, en 1971. Se supone que tiene una visita, pero no es muy emocionante.
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Seattle es una ciudad para vivir. Con un entorno apropiado para quedarse con la boca abierta a cada rato, la ciudad no responde al perfil habitual de muchas de las propias de Estados Unidos, donde la impersonalidad campa a sus anchas y todo se organiza en función de centros comerciales y grandes superficies. Seatle es otra cosa: rodeada por agua y verde, da la sensación de que así sí es posible unir desarrollo y respeto a la naturaleza. En el debe, el clima. La mayoría del año el sol anda escondido y lo normal es que llueva a mansalva (por algo es la ciudad más poblada del 
