Una bienvenida a New York a base de dólares PDF Imprimir E-mail
Estados Unidos
Escrito por Juan Carlos Mateos   
Un taxi neoyorkino en su paso por Time SquareTras aterrizar en Nueva York, salí a la calle. De inmediato acumulé impresiones que nunca olvidaré: edificios que no tenían fin, mucho hombre de color, coches tremendos y semáforos verdaderamente altos.
 
Llegué sobre las 22h. Hora de allí, era de noche ya, claro. Cogí un taxi, de los oficiales, suerte para mí. Y a voleo, elegí un hostal de los libros estos que había por 1994, la Guía del Trotamundos. Me dirigí a dicho hostal, con la suerte, mala suerte de que ese local no existía. Empieza la aventura.

Salí del coche, y pregunté a unos chicos hispanos. Éstos me dieron trabajo y lugar donde quedarme. Sí, como os cuento, llegar y besar el santo. El trabajo era cargando y descargando plantas naturales, pero yo quería la aventura por mi cuenta. Así que entré de nuevo en el taxi y elegí otro hostal: calle 100, con la sexta avenida, creo. El sitio no tenía desperdicio, lugareños en plena calle con la música rapera y salsa en los radios-casetes.

Así que llegue a mi primer hostal, lo primero que aprendí, apartando mi nivel de inglés de COU (último curso previo a la universidad), fue las expresiones check-in, check out, por observacion supuse, y supuse bien, que era la entrada y salida por consigna del alojamiento. Me puse en la fila. Observe un par de chavales que me eran familiar, no los había visto en mi vida, lo digo porque eran españoles, un par de catalanes, empleados de una tienda en Barcelona, que viajaron a Nueva York por la cosa del marketing. Los chavales no paraban de hacer fotos a toda tienda que veían, sobre todo las de carácter deportivo. Así que, y como las habitaciones tenían doce camas cada una, coincidimos en la misma habitación. Dejamos las maletas y dispusimos dar una vuelta para reconocer los alrededores.

Decidimos coger un metro para ir no sé donde, y en el camino primera en la frente, pasa un tipo, raza negra, malas vestiduras, con una botella presumiblemente de alguna bebida alcohólica (por las andares y hechuras del pobre diablo), metida en una bolsa de cartón, como era normal en USA por entonces, (ahora no se si han cambiado la ley), y cuando pasa por mi lado... la deja caer... los catalanes y yo seguimos hacia delante, y a los pocos minutos, me dice uno de los chicos, Juan Carlos, el tipo ese se está llamando. Yo, al principio no entro a razones y sigo andando, pero de repente oigo: HEY YOU! HEY YOU! Así que me paro a esperarlo, los chavales siguen hacia adelante, y cuando el borrachísimo se planta delante de mí, me dice: YOU! FOUR DOLLAR, THE BOTTLE! así que en ese momento, pongo en funcionamiento la mente, tengo dos opciones, salir corriendo, errónea porque era ya de noche, y no conocía el lugar, y la segunda, simplemente darle lo que llevaba encima, así que como tenía algo de dinero que llevaba desde el aeropuerto, le solté algunas monedas, no recuerdo cuantas, pero el tipo se conformó.

A esto, que veo un policía, porra en mano izquierda chocándola contra la derecha que observaba, como el diablillo también se percató, se puso suave, y de repente muy amigo mío. Me pregunta...Where are you from? a lo que yo contesté :  Europe, por la cosa de las minorías hispanas y gente de color, hubiera algún percance, creo que tuve vista en ese punto.
 
Total, que el tío se va, el policía desaparece, y algo de dinero también…

Juan Carlos Mateos

Comentarios (2)Add Comment
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josete
junio 14, 2010
Votos: +1
...

impresionante historia. ídolo el que la ha escrito

0
David
junio 15, 2010
Votos: +0
dólares

buen instinto de superviviencia!!!!

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