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A finales del siglo XIX, la Compañía de Ferrocarriles de Quito y Guayaquil comenzó la construcción de lo que se dio en llamarse el ferrocarril más difícil del mundo. La cosa no era para menos, puesto que la vía avanzaba en zig zag por más de 3000 metros de altura, junto a precipios imponentes y cerca de volcanes nevados. Todo un espectáculo. Para la ocasión se contrataron de manera forzosa mucho chinos y jamaicanos como mano de obra barata. Bastantes de ellos murieron en el intento, como si de una pirámide egipcia se tratase. En mitad del camino encontraron una pared de roca vertical, prácticamente imposible de sortear. Algunos aseguran que vieron aparecerse al demonio entre las obras. Por eso se le conoce como La nariz del diablo. A día de hoy, el trayecto tiene poca utilidad funcional y tan sólo sirve para que los turistas pasen un buen rato porque el trayecto se hace en el techo con unas vistas impresionantes. Bueno, ya no tanto. Les cuento. Yo me monté en el tren en Alausí, aunque lo suyo es hacerlo desde Riobamba.
No fui previsor y no reservé boleto (se puede hacer por teléfono o internet y no es necesario pagarlo de antemano, pero ojito porque el tren no sale a diario. Mejor informarse), por lo que aunque me levanté a las cuatro de la mañana (junto a la estación de trenes de Riobamba hay muchos hostales por sólo cuatro dólares la noche) no me sirvió de nada. Tuve que coger un bus a Alausí (casi dos horas de camino) y enganchar desde ahí. Me perdí la primera parte, que es al parecer es la bonita de verdad. En fin, logré boleto para la segunda mitad, pero cuando me disponía a subir al techo del tren, el revisor me dijo que estaba prohibido. Chasco total. Increíble, porque incluso las fotos que adornan las dos estaciones de Riobamba y Alausí están decoradas con fotazos con la gente montada en lo alto. "Ya no se puede. El presidente Correa lo ha prohibido porque hace unos meses un par de italianos, creo recordar, se levantaron más de la cuenta y un cable les cortó el cuello...", me contó el revisor. Espeluznante. El viaje dentro del vagón pierde un montón. Además no me tocó ventana ni nada. Se hacen tres paradas para que la gente salga, estire las piernas y haga fotos. Pero no cuela, no es lo mismo. "Los turistas protestan mucho. Yo llevo 30 años trabajando aquí y se nota que viene menos gente", insiste el revisor. En fin, que mucho ruido y poas nueces. Dicen que van a poner un tren con barreras de protección para que haya subidas al techo. Yo me lo perdí...
Daniel Pinilla
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