| Zipaquirá tiene la octava maravilla del mundo |
|
|
|
| Colombia |
| Escrito por Daniel Pinilla |
|
El origen de Zipaquirá se remonta a tiempos anteriores a la conquista española, cuando los panes de sal valían literalmente su peso en oro. La visita propiamente dicha se divide en dos. En mi caso accedí un Sábado Santo, por lo que la presencia de fieles en un país tan creyente como el colombiano estaba asegurada. Nos metemos en el vientre de la tierra, aunque en ningún momento hay problemas para respirar ni sensación de claustrofobia. La ventilación e iluminación son excelentes. Tras pasar un par de monitores que proyectan la película La pasión de Cristo para meternos en ambiente, se accede a la representación de las estaciones del Vía Crucis. La disposición de la cruz en cada estancia representa un momento de la pasión. Prescindible, la verdad. La segunda parte de la visita es otra cosa. Tras visitar el atrio de la nave central, se pueden visitar las dos laterales, la del nacimiento y la de la muerte. La simbología está presente y merece la pena atender a los solícitos guías turísticos que acompañan (precio incluido en la entrada). La nave principal resulta muy espectacular, con la presencia de la mayor cruz de sal del mundo bajo tierra. Eso sí, pesa cero gramos, ya que es un bajorelieve muy logrado a base de una curiosa iluminación. En la Catedral se han celebrado incluso bodas. Bodas saladas, claro. Ya hay que tener ganas de casarse y encima hacerlo a 180 metros de profundidad... A la salida se puede atender a una película en 3D que resume la historia de la mina de sal. Interesante y correcta. Otra opción más es hacer el circuito del minero: te visten como uno de ellos, con tu pico y tu casco, y hala, a extraer sal. Pagando, por supuesto.
Agregalo como Favorito
Compartir
Enviar email
Comentarios (2)
![]() |



Cerquita de Bogotá, a pocas decenas de quilómetros, encontramos el reclamo turístico más visitado de toda Colombia, que sorpresivamente no se trata de una playa exótica ni de un valle cafetero. Tampoco tiene que ver con la Amazonia. Se trata de una mina de sal, ubicada obviamente en las entrañas de la tierra, que alberga una sorprendente catedral. Catedral de sal, por supuesto. La octava maravilla del mundo, así la proclaman los vecinos de 
