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Brasil
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Escrito por Daniel Pinilla
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Sucedió en Salvador de Bahía, en el barrio de la Barra. Hora de almorzar, somos siete y nos hemos ido al barrio de Pelourinho, al conocido restaurante 'Mama Bahía'. No es lo más barato del mundo, pero de vez en cuando hay que darse un homenaje para darle la gota de calidad al viaje. La picanha está excelente. A la vuelta, con la barriga llena, nos dividimos. Unos nos quedamos tomando un algo en un ciber café y otros tiran para casa. Por la noche tenemos que desfilar con Nana Banana en el Carnaval y hay que reponer las escasas fuerzas.
De vuelta a casa en taxi (yo era de los rezagados) suena el teléfono: "nos han robado, están las maletas abiertas". Joder. El apartamento alquilado tenía buena pinta y hasta portero de seguridad. "Bueno, no os pongáis nerviosos. Vamos para allá", respondemos. Al minuto, teléfono de nuevo: "¡el ladrón está dentro de casa! Hemos oído un ruido y el tío está metido debajo de la cama con un cuchillo. ¿Qué coño hacemos?, llamad a la policía...". Vaya plan. Telefoneamos a la policía militar del tirón y le pedimos al taxista que acelere. No hay forma con el atasco de las cuatro de la tarde.
Al llegar a casa, todo son nervios. Uno de los nuestros arrancó el travesero de la cama y se lo partió en la espalda al ladrón, que salió por la ventana (era un primero). Hacemos las maletas histéricos para darnos el piro. Suena el timbre. Miro y... es el ladrón. Parece de coña. Sale escaleras abajo y lo seguimos. En el patio salen los vecinos con el escándalo y se forma el taco. El ladrón es un canijo, pero es que además es ¡el portero del edificio!. "Yo no he robado, ellos me invitaron a entrar", trata de escaparse. Da la sensación de que sabe que le hemos visto la cara y teme perder el trabajo. Vemos que no es de ninguna banda ni nada y le apretamos para que devuelva lo que se ha llevado: un móvil, una cámara de fotos y unos 80 dólares.
(continuará...)
Daniel Pinilla
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