| Un poco de forró para entrar con ritmo en Tutoia |
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| Brasil |
| Escrito por Víctor García Montes |
Estamos en en Lençóis Maranhenses, el norte de la costa de Brasil. Cuando el Jeep no puede avanzar mas, justo donde termina la vegetación, aparece este paisaje, que por el fuerte calor nos invita al baño en las azules lagunas. Está atardeciendo y un cambio de colores de las dunas y el cielo están presagiando una de las mas bellas puestas de sol que haya visto en mi vida, que sólo una foto puede explicar.Y vuelta a Barreirinhas,con la sonrisa en la cara de estar cien por cien satisfechos desde que nos levantáramos a las cuatro de la mañana para ir la desembocadura del preguiças, pero para aprovechar más el día si cabe, hay que ir a una fiesta de forró, un típico baile por estos lugares, en una discoteca del pueblo, y probar ese caipiriña del Brasil profundo, pero... por favor, sin leche condensada. Al día siguiente había que levantarse prontito, pero a una hora prudente, para descansar un poco y las nueve de la mañana era una buena hora para partir hacia Jericoacoara, no sin antes observar cómo desarrollaban en este pueblo la típica campaña política. En este sentido la Amazonia y el estado de Maranhao no eran muy distintos... Con el 4 X 4 nos dirigimos bordeando la costa, y por terrenos complicados hasta para un buen conductor, y el nuestro lo era. Chicha nos transmitía seguridad. Después de unas cuantas horas dando saltos en el vehículo, nos paramos a comer en una de las playas de Tutoia, y comimos pescados y mariscos como nunca y hasta reventar, por dos duros. Evidentemente, con un poco de descanso en la típica hamaca que el camarero amablemente te colocaba en dos de los ganchos repartidos por todo el restaurante, que a pie de playa se encontraba. Y vuelta a la carretera, y por fin era pavimentada, que no era muy habitual hasta ahora. Teníamos que ir al hotel de Tutoia que nos había reservado Chicha. Ésta era ya una ciudad medio grande, por lo que el hotel estaba bastante bien, era el mejor desde que el 1 de Agosto voláramos a Manaus. Despues de la típica macrofiesta en una enorme explanada llena de cientos y cientos de brasileñas de culos redondos como el sol de Ipanema y duros como el Corcovado, moviéndose al ritmo del forró cantado en directo por uno de los mas conocidos cantantes de Brasil, todo muy tentador, pues el europeo aquí es el rey del mambo: todas quieren conocernos, quizás por la posibilidad, aunque sea remota, de vivir en Europa, máxima aspiración. Víctor García Montes
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