El gran susto del mordisco del yacaré brasileño PDF Imprimir E-mail
Brasil
Escrito por Víctor García Montes   

Un colorido yacaré emerge del fondo del ríoNos dirigimos al Igarapo para buscar yacarés. El caboclo que nos acompaña se ha separado de nosotros, sólo se ve una luz en la noche, la luz de la linterna. De un lado a otro buscando los ojos del yacaré, que en la noche se iluminan como dos pequeños fuegos en la lejanía. Se acercan a ellos y tal y como duermen los agarran del cuello y la cola. Así los cazan; por eso nos extrañó y nos acojonó un disparo en la noche... el caboclo había disparado a un tapir que habia visto mientras buscaba yacarés.

Mientras se baja de la canoa para ir a por él, su hijo (de unos 10 años), el mismo que con su equipo nos ganó al futbol esa misma mañana, aprovecha para pescar con una especie de flecha de tres puntas peces que se camuflan como hojas en la orilla del igarapo, iluminándolos con la misma linterna que el padre dejó en la canoa.



Pero el padre fracasó en la busqueda del tapir que creia muerto, y enseñándonos una hoja llena de sangre para demostrar que el tiro no fue fallido, nos dijo que continuaría la búsqueda a la mañana siguiente, pues sería más fácil seguir el rastro del tapir malherido. Por supuesto a la mañana siguiente alli estábamos nosotros para seguir el rastro a ese tapir, que nunca encontramos.

Subió a la canoa y continuó la busqueda de ese ansiado yacaré, que poco tardó en traernos a nuestra canoa para que lo viéramos y tocéramos. Pero mi amigo Ramón, que no se conformaba tan sólo con tocarlo, le acercó la linterna al yacaré inamovible que parecía muerto, y de un movimiento de cabeza en cuestión de un milisegundo, agarró la linterna con su potente dentadura, sin poder sacarla de su boca a pesar de los esfuerzos de Ramón en recuperarla...


Finalmente lo consiguió, no sin antes arrancarle algun diente al pequeño cocodrilo, todo esto ante la mirada sorprendida y sin dar crédito de lo que estaba viendo, caboclo padre, caboclo hijo, y nuestro guía Norberto, que no dejaban de observar la linterna destrozada en las manos de Ramón. Se nos ponían los pelos de punta al imaginarnos que el yacaré lo hubiera hecho con alguna de nuestras extremidades. A buen seguro hubiéramos tenido que ir al hospital de Manaus con, al menos la mandíbula del yacaré encajada. (continuará)


Víctor García Montes

Comentarios (1)Add Comment
0
Silvia
mayo 05, 2010
Votos: +0
...

Me doy cuenta que al igual que en tambopata-Candamo (Perù) que tambièn es Selva la hora apropiada para ver caimanes (yacarès) es en la noche porque estan en pleno sueño. Hubiera sido tambièn toda una experiencia fabulosa sino nos hubièramos extraviado unas cuantas horas en la selva.
Lo que si me apena es la caza,no sè si fuè necesario matar al tapir, en plena oscuridad.

Escribir comentario
 
 
corto | largo
 

busy