Jaú: la meca del caucho y de las pirañas PDF Imprimir E-mail
Brasil
Escrito por Víctor García Montes   

Una brillante piraña se luce en el parque de JaúNuestro destino era el Parque Nacional de Jaú. Poco antes de entrar en el mismo nos paramos a hacer una visita en Airao Velho, una ciudad con edificios de piedras en ruinas, abandonada población de los antiguos señores del caucho portugueses, de la época del florecimiento de Manaus como primer exportador de caucho mundial, acabando esa primacía por culpa de los ingleses que se llevaron millares de semillas de este valiosisimo arbol a una de sus colonias asiaticas, Malasia, donde el clima era tambien ideal para su crecimiento.

Y fue en este lugar donde, probablemente el único habitante del mismo nos enseñó nuestro primer arbol de caucho, que de un tajo con su machete consiguió que saliera un chorro de este líquido blanco, que frotándolo con los dedos rápidamente se convertía en una pelotita de goma, que utilizaban y utilizan los indígenas para impermeabilizar las canoas. Un hecho que llamó la atención del europeo, que rápidamente le buscó otras mil utilidades.



Pero vuelta al río: entramos en el Parque Nacional de Jaú al cuarto día desde nuestra salida de Manaus. Empezaba a respirarse la verdadera aventura. Comunidades dentro del parque prácticamente no quedan, pues el gobierno intenta desalojarlas pagando a los indígenas para que se instalen a las afueras, y como pasaban los días y la comida empezaba a escasear, era el momento de ponerse a pescar. Lo típico por esta zona son las pirañas, y el mejor con el que ir a pescar, el capitan Keca, que conoce la hora y zona perfecta; nos lleva con su canoa a motor a un sitio que no paran de picar, también era normal sacar el hilo de pescar y no encontrar ni siquiera el anzuelo, que los destrozan con sus mandibulas pobladas de dientes afilados.

Y cuando más están picando las pirañas, nos mete prisa el capitán Keca para dejar las pesca e irnos a buscar macacos pregos, pues está a punto de ponerse el sol y es la mejor hora. Para ello nos lleva a los igarapos, que son unas zonas apantanadas en los laterales del río, la misma selva inundada de agua, una fina capa verdosa sobre el agua, y el silencio impresionante al apagar el motor de la barca, para sustituirlo por el remo. (continuará).


Víctor García Montes

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