| Una meseta con vida propia |
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| Namibia |
| Escrito por David Navarro |
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Nos pusimos a conducir por la izquierda, típica herencia británica, al principio complicado, en rotondas, adelantamientos, giros, y lo peor el intermitente, que acabas poniendo siempre el limpiaparabrisas, qué horror. A la salida de Windhoek, la mediana de la autovía estaba llena de babuinos, una especie muy común de mono africano, un primer contacto con la naturaleza. Durante el camino nos encontramos muchos facoceros, que es un cerdo salvaje africano y unas avestruces. Llegamos puntuales a Waterberg, 15:00, hora que teníamos contratado la visita guiada. Pero al llegar nos encontramos la sorpresa de que no había nada organizado, y nadie nos esperaba, a pesar de que habíamos pisado el acelerador para buscar la puntualidad. Primer contratiempo del viaje y llevamos aquí 5 horas. Llamamos a Anita, que fue la que nos organizó esto, y en un momento llamó al jefe y cuadró al jefe de recepción y en menos de 15 minutos lo tenía todo organizado, me encanta que los planes salgan bien. Waterberg Plateau, es una gran meseta elevada y en ella alberga multitud de vida salvaje. A la salida del camping vimos un grupo de mangostas. Son como ratas grandes parecido al perrillos de las praderas americano y todas se ponían de píe como para despedirse. Una vez en el Plateau nos encontramos el primer grupo de gran fauna, antílopes ruanos, unos cérvidos grandísimos e imponentes. Más adelante nos encontramos una manada de antílope sable, una rara especie en peligro de extinción que solo existe en este parque en Namibia. En el interior del parque hay varios observatorios enfrente de charcas, aquí llamados “waterhole”, a los cuales se accede por una larga y laberíntica empalizada con techo protegido para que no haya sorpresas con algún leopardo que se cuele. En el primer “waterhole” vimos un pequeño cérvido, probablemente un Dik Dik, pero salió corriendo, mala suerte, nada más. La suerte nos sonrió en el segundo “waterhole”, tres grupos de búfalos, uno de los cinco grandes junto al leopardo, elefante, león y rinoceronte. Ya se hacía de noche y hay que volver al campamento que tiene un fantástico restaurante. Allí probamos la carne de orix, un tipo de antílope muy habituado a climas desérticos, lo importante de todo esto, es la exquisitez de este filete, muy jugoso.
En una actuación rápida y con la suerte de que había un bungaló libre y tres de nosotros pudieron alojarse allí ante la imposibilidad de usar las tiendas sin escalera. Llamamos a Henry de la agencia y en un magnifico servicio se plantó allí al amanecer con las dos escaleras. Según nos contó, alguien debió robarlas la noche anterior en sus oficinas de Windhoek. Tras un contundente desayuno y con escaleras y sin ver Rinocerontes Blancos y Rinocerontes Negros muy característicos de aquí nos pusimos rumbo a Etosha. Podéis ver algunas fotos más de Wateberg en: http://picasaweb.google.es/davidor73/Waterberg#
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Llegamos a la oficina de alquiler de coches en Windhoek: la ciudad nos parece muy tranquila, incluso ni siquiera nos da impresión de ser una ciudad tal cual. Allí nos esperan nuestros
Primer enfrentamiento con las tiendas de campaña, recordando todos los pasos enseñados por Henry de Namibia Car Rental. Abrimos una y perfecto, vamos por la segunda y saltó la sorpresa o más bien el sorpresón, le faltaba una escalera y es que al otro coche también le faltaba una escalera. La escalera ocupa una función fundamental, no solo la de subir a la tienda, sino que además es el pilar donde recae el peso de la mitad de la tienda que está fuera del techo del 4x4. 
