| Lüderitz se carga el mito de África |
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| Namibia |
| Escrito por Víctor García Montes |
Llegamos por fin a Lüderitz. Nos habían hablado de una ciudad fantasma perdida en medio del desierto y al borde de la zona prohibida de Namibia (Diamond Restricted Area). Decían que los diamantes los recogían de la superficie, estaban a simple vista... Kolmanskoppe solía ser una ciudad minera, pero desde 1956 está abandonada, ya no vive nadie allí. Ahora la sustituye otra más al sur. Curiosa ciudad abandonada, semihundida en el desierto.Pocas cosas más interesantes hay en Lüderitz. En realidad quise salir de ahí desde el principio, rumbo al Fish River Canyon, el segundo cañón mas grande del mundo (es fácil saber cuál es el primero...) pero una por culpa de una votación nos quedamos dos noches en vez de una en esta aburrida ciudad. Cosas de la democracia. La mayoría quería quedarse a descansar más, pero ahora me pregunto por qué no nos jugamos esta decisión a los chinos, como hacíamos con todo. El que gana elige, pero eso se me ocurre a la hora de escribir este relato. Un poco tarde, habrá que joderse y descansar a desgana. Ésta es alguna de las desventajas de viajar tanta gente. Pero todo llega. Aunque hemos perdido un día, llegamos al cañón, observamos la impresionante vista desde un mirador y para terminar el día nos vamos a relajar a unas termas naturales, piscinas de aguas a unos 30 grados centígrados de temperatura. Dan ganas de no salir de allí, pero no hubo mas remedio que hacerlo, aunque con la piel un poco arrugada. Era hora de soltar la furgoneta, ya que a media noche salía un autobús nocturno con rumbo a Ciudad de Cabo. En realidad parecía que nos habíamos teletransportado a otra parte del mundo completamente diferente, podría ser Escocia o Asturias: coges a las doce de la noche un autobús en un caluroso desierto excesivamente seco, donde algunos ríos no llegan ni a desembocar en el océano, absorbidos por las dunas, y te despiertas en unos parajes verdes, fríos y montañosos, donde no para de llover. Eso sí, después de que nos despertaran a las cuatro de la mañana en la frontera con Sudáfrica para registrarnos minuciosamente, mirándonos hasta el cepillo de dientes.Víctor García Montes
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Llegamos por fin a Lüderitz. Nos habían hablado de una ciudad fantasma perdida en medio del desierto y al borde de la zona prohibida de Namibia (Diamond Restricted Area). Decían que los diamantes los recogían de la superficie, estaban a simple vista...
Era hora de soltar la furgoneta, ya que a media noche salía un autobús nocturno con rumbo a Ciudad de Cabo. En realidad parecía que nos habíamos teletransportado a otra parte del mundo completamente diferente, podría ser Escocia o Asturias: coges a las doce de la noche un autobús en un caluroso desierto excesivamente seco, donde algunos ríos no llegan ni a desembocar en el océano, absorbidos por las dunas, y te despiertas en unos parajes verdes, fríos y montañosos, donde no para de llover. Eso sí, después de que nos despertaran a las cuatro de la mañana en la frontera con Sudáfrica para registrarnos minuciosamente, mirándonos hasta el cepillo de dientes.
