| Los secretos de Walvis Bay |
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| Namibia |
| Escrito por David Navarro |
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A la llegada a la localidad parece como si el desierto estuviera a punto de engullir la propia ciudad. Aunque me contó uno de allí que eso es imposible, ya que el río que separa el desierto de la ciudad los protege de la gran masa de arena. El tiempo dirá. Cogimos un barco en el puerto con un capitán dispuesto a enseñarnos los secretos de Walvis Bay. En la bahía son famosas ocho focas que se te suben a los barcos en busca de algún pescadito. Poco a poco te van visitando unas y otras, las puedes acariciar sin ningún tipo de problema y muy tranquilamente se tumban en los sillones, se pasean por el barco e intentan robar todos los pescados que hay en un cubo dentro del bote, muy entretenido. Había una foca que era grandísima, con unos catorce años, otra surfeaba tras los motores, levantaba todo su cuerpo y al rebufo del motor solo moviendo la cola, un auténtico espectáculo (vídeo abajo). Allí en la bahía cultivan ostras y a diferencia de otros lugares del mundo que tardan 3 años en crecer, aquí lo hacen en tan sólo 9 meses gracias a las ricas corrientes de la Antártida. También estuvimos viendo unos delfines que jugaban y saltaban. Hacerles una foto saltando resulta imposible, son demasiado rápidos e imprevisibles en sus movimientos. Se suelen ver ballenas por aquí, de ahí el nombre de “Walvis” que significa ballena en Afrikaans, aunque en esta época del año rara vez se avistan.
Destaca también una población de focas bastante grandes, no como la Cape Cross, pero con olor y ruido muy parecido. Sin duda la todas experiencias, sensaciones e imágenes quedarán en mi mente durante mucho tiempo, he recibido mucho más de lo que esperaba de esto. Para ver más fotos de Walvis Bay pincha aquí.
La foca surfera
El vuelo de los pelícanos
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Al sur de Swakopmund está Walvis Bay, el principal puerto del país (Namibia), también famoso por sus salinas y su laguna, donde cada año vienen miles de flamenco para alimentarse.
Hay un barco ruso abandonado y ahora es conocido como “Cormoran Hotel” por la cantidad de cormoranes que allí habitan. Pero sin duda alguna lo que me hizo abrir la boca son los pelícanos, grandísimos, y con el espectáculo de verlos volar. Pusimos el barco en una marcha rápida y el capitán sacó un pescado para atraer gaviotas y pelícanos. Impresionante ver en paralelo del barco semejantes aves planeando (vídeo abajo)
