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Namibia
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Escrito por Víctor García Montes
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El desierto desde el cielo se ve fascinante pero hay que pisar sus arenas, y qué mejor que las dunas mas conocidas: Sossusvlei, en el Namib Desert, es el desierto más antiguo y con las dunas más altas del mundo. Son altas, rojas y perfectamente recortadas por el viento, sólo deformadas por nuestras pisadas al andar sobre ellas. Ausencia completa de cualquier tipo de vida, dicen que aquí sólo habita el payaso del namib, es un pequeño lagarto que levanta las patas simultáneamente para evitar quemárselas por las abrasantes arenas expuestas constantemente a los rayos del sol.
Estamos en invierno, pero no creo que el payaso del Namib haga distingos invierno-verano. Pequeña pateada de quince minutos, a Deadlei, ¿dónde estamos?, ¿en Marte?. Un lago completamente seco lleno de árboles muertos rodeado de dunas rojas enormes y perfectas. Se trata de un paisaje realmente desconcertante y al mismo tiempo bello y sobrecogedor. Da la sensación de que todo parece normal aquí. En esta zona del planeta pueden pasar perfectamente dos años sin llover, por lo que abundan lagos y ríos secos. La mayoría de los cauces de estos últimos ni siquiera llegan al océano. |
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Namibia
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Escrito por Víctor García Montes
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En Swakopmund nos pegamos una gran mariscada por dos duros en el puerto de la ciudad. Reflexionamos sobre el viaje por África: a pesar de nuestros inconvenientes en cuanto al transporte, no podía estar saliendo mejor. Somos cinco amigos, una cifra perfecta para fletar una avioneta a Opuwo (Kaokoveld), al norte de Namibia. Nos invitan a conocer a una tribu nómada, los himba. Nos comenta el guía que no les demos dinero, aquí no hay pobreza, en realidad tienen todo lo que necesitan para vivir. Ellos nos muestran una de sus danzas, y por qué no, les deleitamos con un redoble flamenco... Da igual, aquí no se nota lo mal que lo hacemos, ¡incluso se ponen a imitarnos!.
Todas estas tribus dependen de Opuwo, pero mientras menos vayan allí mejor. Sólo cuando no queda mas remedio van al único hospital de todo Kaokoveld. Aunque muchos niños van a la escuela que está en Opuwo (desde aquí se tarda tres horas a pie todos los días, pero hay poblados que están mas lejos) las familias prefieren que aprendan lo necesario para vivir en la misma tribu, sin darle mucha importancia a leer o escribir, pues muchos continúan los estudios y terminan en la Capital, por lo que ya difícilmente volverían. Son conscientes de una posible extinción de un pueblo orgulloso de costumbres ancestrales. |
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Namibia
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Escrito por Víctor García Montes
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Tenía muchas esperanzas en Namibia: me gusta mucho el desierto, y no me decepcionó en absoluto. Lo primero que sorprende es que después de cruzar en camión cisterna el desierto del Kalahari, que comparten Botsuana y Namibia, llegamos a Swakopmund. De repente aparece en medio de la nada una capital europea, costera en el atlántico increíblemente limpia, completamente tomada por los alemanes.
Nos recomendaron un sitio para dormir, The Alternative space: está preparado para hospedar a backpackers pero el ayuntamiento lleva tiempo negándoles la licencia a esta curiosa pareja. No es de extrañar, pues a pesar de la limpieza, extravagante arquitectura, original decoración con cuadros de la artista mas conocida de la ciudad (Susan Mitchinson), la inspiración hippie en que se basa les impide funcionar como hotel. Las duchas están al aire libre, (entonces era agosto; invierno en consecuencia). Más vale que te duches de día, si quieres hacer tus necesidades, no busques la puerta, sí, esa cadena que cuelga de la pared es el pestillo. Y al final de un caminito en espiral encontramos la taza. |
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Namibia
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Escrito por David Navarro
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En Windhoek, la capital de Namibia, extraña e inesperadamente la primera impresión fue la de una clínica: una compañera de viaje estaba bastante enferma y hubo que hospitalizarla. Este sanatorio es muy parecido a cualquiera que podamos encontrar de ámbito privado en Europa occidental. Todo está bastante bien organizado, su servicio de urgencia nunca llegó a ser desesperante... bien en definitiva.
Eso sí, es un poquito caro, y cobran por cualquier cosa. Afortunadamente, el tener un seguro de viajes con buena cobertura ayuda para este tipo de casos. Windhoek es famoso por sus restaurantes. El más famoso de todos es el Joe’s Beer House. Un paraíso para los carnívoros. El bar era bastante grande y laberíntico, caracterizado por la sobre decoración. Ya que usan cualquier objeto inservible para ello, como una bicicleta rota en el techo, botellas de licor vacías en las paredes, e incluso tazas de inodoro para sentarse. Pero lo curioso que todo eso formaba una armonía con el lugar, muy digno para una visita. |
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