| Mauricio: si lo sé no vengo |
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| Escrito por Carmen Casso |
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Hace poco he leído que hay un vuelo directo desde Madrid a Mauricio. Sé que nunca voy a cogerlo aunque viva en España. Básicamente porque creo que el sitio no aporta demasiado para lo lejos que queda. Y hablo con conocimiento de causa. Estuve en Mauricio en las vacaciones de Navidad de 2008 y con una vez allí es más que suficiente. Mauricio está lejos de todo y ofrece muy pocas cosas. A lo largo de la costa se suceden uno detrás de otro hoteles que oscilan en encanto y estrellas pero coinciden en ser todos bastante caros. Las playas son de arena blanca y roca volcánica. Los tramos de arena son estrechos, en la playa suele haber poca gente, los turistas prefieren (¿preferimos?) las piscinas de los hoteles. Los domingos, si hace buen tiempo, los lugareños bajan a las playas y pasan el día tocando música y comiendo. Eso al menos está divertido. Uno de los días alquilamos una lancha para ir a bucear y ver si descubríamos algún rincón de playa lejos de los hoteles… Pues nada de nada. Al menos nosotros no lo encontramos. Para más inri, el agua turquesa no esconde unos fondos marinos espectaculares. La capital, Port Luis (donde hay una buena mezcla de descendientes de inmigrantes indios, chinos, africanos y europeos) tiene dos manzanas de edificios altos y caducos. El resto son cuadras de bloques bajos y funcionales, frente a un puerto comercial... poco más. El Dodo, aunque extinto, es el animal enseña de Mauricio, un ave no volador endémico de las islas (ver foto que acompaña). Significa 'tonto' en holandés... así me sentí yo después de un par de días allí. Mi conclusión: la isla está preparada para un tipo de turismo que ha decidido volar muchas horas, pagar mucho dinero y no salir del hotel. Aportación muy escasa...
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