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Marruecos
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Escrito por Carmen Casso
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Sidi Ifni viene a ser un poco como aquello que el cronista le escribió a Lola Flores cuando La Faraona comenzó a despuntar. "No canta bien, no baila bien... no se la pierda". Uno puede pensar que el pueblo no ofrece gran cosa: no es especialmente bonito, la arquitectura art decó de sus antiguos edificios señoriales está por los suelos, no hace un gran clima (no en vano la llaman 'Londres de Marruecos' por su perenne neblina) y tampoco se puede encontrar un lugar para tomar una cerveza. Sin embargo, resulta muy fácil ser feliz allí. No existe abundancia de turismo, lo que se agradece. Los zumos de frutas son excelentes y existen buenos lugares para comer. El mejor de ellos es el restaurante Nomad, situado a espaldas de lo que fue la Plaza de España, escenario que ejemplifica el legado español del lugar.
No en vano, su antiguo nombre fue Santa María de la Mar Pequeña y hasta 1969 no pasó a ser formalmente parte de Marruecos. El edificio de la plaza que les comento está coronado por el escudo de la bandera española. Pero el de los tiempos de Franco, claro. No existen muchas actividades en Sidi Ifni. Es diríamos de perfil 'turismo slow'. Basta con mimetizarse con el personal y ver pasar las horas mientras se ve la actividad en el modesto mercado del pueblo y los pescadores ofrecen sus capturas del día. Junto a los puestos de venta, hay un par de pequeños restaurantes que sirven tajines de mucha calidad a un precio barato. Aladino es el dueño de uno de ellos: habla muy bien español y no engaña con el precio. Sidi está rodeado de playas solitarias, al norte y al sur. Se permite acampar por ellas y el paisaje no tiene mucho que ver con lo que uno espera de esa zona de África. Es más verde que otra cosa y bastante fresco. En cuanto a alojamiento, los hoteles Suerte Loca y Bellvue tienen vistas al mar, pero presentan mucha humedad. El Xanadú es más caro pero infinitamente más cómodo.
Carmen Casso
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