| De visita por la capital de Mouley Ismail |
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| Marruecos |
| Escrito por David Navarro |
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Se accede bien desde Fez, entre media y una hora, según si se toma la autovía o la carretera normal. Por el camino se pueden ver viñedos de los cuales se obtienen los mejores caldos marroquíes. El taxista que me trajo me dejó en la puerta de un restaurante en el interior de las murallas de la ciudad imperial, entre el mausoleo de Mouley Ismail y la mezquita. El sitio me lo vendieron por las vistas de la terraza. Que hay que decir que no estaban mal, pero la comida dejaba mucho que desear. Aprovechando la cercanía me acerqué al mausoleo atravesando previamente varios patios, simples pero bastantes hermosos, se llega al edificio donde está la tumba del antiguo monarca. La sala representa un explendoros diseño con una fuente que da muchísima armonía. Bastante cerca se halla la Koubbat as Sufarat, un pequeño edificio usado antaño para embajadas, donde luce la placa de la Unesco a la ciudad como patrimonio mundial. Bajo el suelo de una gran explanada se recorre una antigua cárcel para cristianos. Mucha oscuridad y pocas celdas. Todo es amplio y diáfano.
En el interior está una de las joyas de Meknes, la madraza de Bau Inania, representando el estilo y esplendor de la dinastía Benimerín. Se puede ver las celdas, donde en un reducido espacio vivían dos alumnos, e incluso subir a la azotea para poder contemplar la medina desde arriba. Mucha chapa y plástico para tapar las pequeñas callejuelas, aunque un minarete de la Gran Mezquita plagada de azulejos preside la vista. Saliendo del centro se puede ver Heri es-Souani. Aparentemente parecen murallas destruidas, pero en realidad son restos de un gigantesco granero construido por Mouley Ismail para guardar el heno que alimentaba sus 12000 caballos. Este monumento sirvió de escenario en ‘la ultima tentación de cristo’ de Martin Scorsese. Estas piedras al borde del estanque de Agdal, un lugar agradable que invita al paseo. Una gran ciudad.
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Meknes es una de las tres ciudades imperiales marroquíes, junto a
Saliendo de la ciudad imperial se ve la principal puerta de acceso a ella, Bab el Mansour, aunque parece cerrada. Posiblemente sea la puerta más bonita de Marruecos. Justo enfrente un amplio espacio abierto donde se reúnen cuenta cuentos, curandero, magos… se trata de Hace el-Hedim, el auténtico epicentro de la urbe. Al final de la plaza y dejando una grandiosa fuente decorada con zellig o mosaicos, de ahí entramos en el corazón de la medina. La cual es bulliciosa, pero tranquila para el turista. Es un ambiente muy local y sus tiendas son para compras cotidianas y no de souvenir. Una sensación diferente que en la abarrotada Fez.
