| Canta gol en Bamako |
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| Escrito por Fede Quintero |
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Para ello, conocí a Chenna Demba, el presidente de la Asociation des Supporteurs Independants des Aigles du Mali. Un auténtico personaje. Vive al máximo la pasión por su selección y se mete en todos los saraos, pero no por ello deja de ser el mejor relacionado de Bamako. Amigo de Kanouté, se permite el lujo de saltar una valla y abrazar al ministro de Deportes, toda una institución, rodeado siempre de guardaespaldas. Los policías están locos por saludarle, los niños se pelean por darle la mano y tiene a todo el estadio en el bolsillo. Viene a buscarme al palco y me presenta a un periodista local muy apasionado que retransmite con la camiseta del Barcelona. La universalidad del fútbol, al poder. Antes de atravesar el estadio, me pregunta si quiero ir a pie de césped. Al principio me sonó a fantasmada, porque las fuerzas de seguridad son muy estrictas y no dejan pasar a nadie sin acreditación. Iluso de mí... Chenna sólo hace un gesto y ya estoy junto a los jugadores. Tras fotografiar a los equipos en los himnos y hacer unos cuantos vídeos, hago el paseíllo por la pista de atletismo pero señalando con mi objetivo las gradas. Es increíble. A mi paso, un reguero de gente se levanta y comienza a cantar y saludar a la cámara. Saben que soy español (o al menos europeo) y me enseñan las camisetas de Kanouté, Diarrá y Keita sin parar de gritar. El partido ya ha empezado y hay más jaleo por donde yo llego que por las ocasiones de gol. Por ello, un guardia me invita a estarme sentado detrás de la portería o a marcharme. Opto por lo segundo porque me queda lo mejor: vivir junto a los Supporters el partido. El fundador respetadoYa en las gradas, Chenna sigue atravesando el campo sin restricciones de ningún tipo y saludando como si fuera un jugador más. Le va diciendo a la gente quiénes somos y todos son muy amables. Sigue sorprendiendo el respeto y la educación de la gente de Bamako, correctísimos en cualquier situación, ya sea en el mercado, en los bares, en las tiendas o en el propio fútbol. Mientras, él nos explica su trabajo real: “Por mi trabajo conozco a mucha gente. Soy encargado de márketing en los ferrocarriles y viajo mucho. Fundé la asociación de Supporters para animar a nuestros jugadores y ahora tenemos miles de seguidores muy fieles”. Y llegamos a la ubicación de los hinchas. La algarabía es impresionante. Muchos timbales y silbatos sonando con un ritmo con el que resulta imposible estarse quieto. Aparece el capitán de seguridad de Chenna (¡vaya tipo!), el que le organiza el cotarro y ordena los cánticos. Lleva un traje militar con los colores de Mali (rojo, amarillo y verde) y una gorra a juego. Lleva en la oreja un dispositivo inalámbrico tipo Hollywood y nos hace un pasillo entre la gente (previo regalo de la camiseta de Mali) para meternos en el meollo. Es impresionante. Mucho ritmo, mucha música y todo el mundo nos saluda. No es una bulla typical Spanish, porque pasas alrededor de mucha gente y todos te dan la mano o te abrazan. Nadie aprovecha el jaleo para darte una galleta —misión imposible en nuestro país—. Es divertidísimo y todo se enloquece con el gol de Mali. Abrazos de todos con todos y lágrimas en los ojos de muchos de ellos. Como en Europa, las mujeres también tienen gran presencia en el estadio. Hombres completos pintados de la selección, decenas de caretas, disfraces de todo tipo y todo el mundo bailando. Esto sí que es pasarlo bien en el fútbol. Un carnaval africano para olvidar las tragedias del día a día. DecepciónPero llega el empate de Chad y la anestesia se instala en la grada. ¡Vaya palo! Hasta yo lo sentí profundamente. Te metes de lleno en la pasión de unas personas que ríen y se lo pasan en grande sin pensar en lo que les espera al llegar de nuevo a su ¿casa?, si es que la tienen, y eso te hace reflexionar sobre lo que consigue el fútbol: aislar de la cruda realidad al más pintado. Ellos no tienen una cerveza esperándoles al acabar el partido, o una cena deliciosa; les queda más de lo mismo. Por eso, el gol en contra es más doloroso. Les quita su único instante de diversión y esperanza. El desconocimiento de un horizonte mejor les hace poseer la admirable virtud de disfrutar del momento. Libertad con mayúsculas. Chenna nos lleva de vuelta al palco para los últimos minutos. Mantiene la compostura delante de nosotros, pero se le nota alicaído con el empate. No se lo esperaba. Está sentado a mi lado sudando abundantemente y con la mirada perdida. Le miro y me sonríe de forma agria. De pronto, Mali marca el segundo gol, el de la victoria, Chenna me abraza y se pierde. Miro y miro... y no lo vuelvo a ver. El gol le ha desquiciado. Mali ha ganado. Se acabó el protocolo para el jefe de los Supporters. Me temo que es la última vez que nos hemos visto. El abrazo fue su despedida. Hoy la alegría les durará más de 90 minutos. Es el poder del fútbol. Ya habrá tiempo de pensar en mañana. Pues eso, ¡a celebrarlo!
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Después de ver tanta pobreza, tantos datos desoladores sobre Mali, la alegría con la que la gente asume su propio destino y los actos solidarios en torno al futbolista 
