Las entrañas del reino de Moshoeshoe PDF Imprimir E-mail
Lesoto
Escrito por Daniel Pinilla   

Una familia de Lesoto pasa la tarde en su 'porche'Montañoso, pequeño y todavía auténtico. Surgido del antiguo hogar de los basutos, Lesoto tiene el orgullo de no haber sido conquistado nunca, aunque permaneció muchos años bajo el manto del protectorado británico. Su cota mínima pasa de los mil metros (de ahí su nombre: reino del cielo), por lo que no sorprende que en algunas zonas remotas (y no tanto) el modo de transporte oficial sea el poni. De hecho, la medición del tiempo aún se realiza en función de lo que tardan las caballerías.

Incluso en África, esto parece otro mundo. También en negativo: lamentablemente, la esperanza de vida difícilmente alcanza los cuarenta años. Mentar siquiera el asunto del sueldazo de Cristiano Ronaldo es grosero, chirriante, en esta parte del globo...

Entre el miedo al asalto a pistola anunciado por la gente de mi lodge de Bloemfontein y el aturdimiento por el incesante concierto de cláxones y la cantidad de olores desconocidos, Maseru (la capital del país) te engancha sin piedad hacia sus shebeens (bares ilegales; deben su nombre a los antiguos policías irlandeses de Ciudad del Cabo). El gusto por el riesgo o simple temeridad, pero duré poco. La ciudad como tal es un espanto. Decidí del tirón acercarme a la cuna del reino, al lugar donde el rey Moshoeshoe proclamó la resistencia a los boers: la montaña Thaba Bosiu.


Bien, correcta, pero lo impresionante de verdad es el paisaje humano. En cinco horas en el país me crucé sólo con un blanco, me dedicaron decenas de saludos los miles de chavales (no hay viejos, como los entendemos nosotros) que pasean junto a la carretera, la mayoría sin empleo ni nada que se le parezca. Casas con lo justísimo, pocos zapatos, poca agua corriente y electricidad, y contrariamente a lo que se espera de la pobreza extrema, mucho respeto al extranjero. Pasé mucho más miedo en el centro del pretencioso Johannesburgo.   

Sin ánimo de hacer apología de los antropólogos de los sesenta, que tanto predicaron a favor de la teoría del buen salvaje, supongo que no basta con pensar lo buenos que son los pobrecitos. Había tanta ingenuidad que un grupito que conocí (sólo recuerdo el nombre de Edgar) insistieron en que yo era futbolista de la selección española (en ese momento se jugana la Copa Confederaciones 2009 en la vecina Sudáfrica). Lo negué tres veces y al final decidí no quitarles la ilusión. Les dije que era Pablo Hernández. Me contaron que todo el país va con España (re tsehetsa Spain en lengua sesoto) y que ojalá no me lesione.

PD: dejo pendiente el Lesoto un vueltazo a la imponente catarata Maletsunyane, 200 metros en caída libre, más que las Victoria.


Daniel Pinilla

Comentarios (2)Add Comment
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Rodrigo
octubre 14, 2009
Votos: +1
tugela

Hablando de la cascada, seguramente no sea tan espectacular como la que hablas. Pero cerca de Lesoto en el Drakensberg se encuentra la cascada de Tugela, la segunda mayor del mundo con más de 900 metros de altitud. También merece su visita.

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dani
octubre 15, 2009
Votos: +1
...

se de la cascada q me hablas. estuve cerca de verla, pero el acceso se me complico por el calzado y tuve que dar marcha atras en una parte q estaba helada. no lo pude ver. y eso que estaban heladas y es un espectaculo. paciencia...

por cierto, si tu las conoces, seria perfecto que nos mandes tu historia que por supuesto colgaremos en triplannet con mucho gusto

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