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El crucero por el Nilo no tiene nada que ver como el lujoso hotel que tuvimos mi esposa y yo en El Cairo. Un barco que tuvo sus años de gloria en los años setenta y ochenta. Hoy está bien conservado, sin remodelación. A la tripulación nunca le daría un diez como nota, pero era muy divertida y atenta con los pasajeros.
Los barcos son todos iguales, de fondo plano (para navegar por el río) y sólo cuatro plantas. A unos metros bajo el nivel del agua en el restaurante, el 'suelo' de la sala de recepción y un bar en las habitaciones uno y dos de la cubierta. ¡Y piscina!
Los barcos se detenían en los puertos, en las orillas del río, en un doble, triple, cuádruple, quíntuple... fila. Peor aún que en la salida de un colegio. Lo curioso es que si tu barco es el cuarto, para llegar hay que pasar por el primer barco, por el segundo y por el tercero.
El río siempre tiene un ‘paseo’ bien construído y bien mantenido, lo que contrasta fuertemente con la pobreza de las ciudades...
La temperatura era mucho mejor que en El Cairo y la puesta del sol sobre el Nilo con una cerveza y casi al lado de las falukas (los veleros del Nilo). Creo que se nos pidió 517 veces: "¿Un viaje de faluka?”. Por no hablar de muchos de los otros: "¿Cuántos camellos de cambio a tu esposa?". Luego le pregunté cuántos camellos estaban dispuestos a darme. Me dijeron que 40, pero le dije que por eso sólo les podía dar la punta de los dedos. Una de las grandes sorpresas fue el "arte" que hacían con nuestras toallas. Todas las noches era una nueva escultura. Hasta que un día decidimos darles una sorpresa a ellos con una escultura de dos ‘personas’ en la cama…
El barco tiene cerca de 60 habitaciones y no creo que estaba lleno. La última noche es una fiesta de disfraces. Cenamos bien vestido, después de una presentación de danzas locales y de música y juegos. Maria, mi esposa, ganó uno de los juegos, pero no fue fácil. Para ganar tuvo que dejar sus uñas en los brazos de otro pasajero (que fue un accidente... queriendo...)... Al final de la fiesta es divertida pero no muy buena. Como por la mañana se había hecho una visita al templo de Abu Simbel y habíamos tenido que levantarnos a las cuatro de la mañana, todos los pasajeros se fueron poco a poco en retirada.
Rudy Guerreiro
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